Reggio Emilia

NIÑOS 2016-2017

Uno de los legados más hermosos que inspiro el pensamiento de John Dewey en la educación del siglo XXI son las escuelas de la ciudad de Reggio Emilia en Italia. Desde 1991 reconocida como la mejor propuesta educativa para primera infancia, que hoy en día se extiende con éxito a la educación básica primaria y secundaria.

Construir con y para los niños.

En la construcción de una nueva sociedad, es imperativo guardar, comunicar y mantener la imagen de los niños como personas que pueden pensar y actuar por sí mismas. Loris Malaguzzi, la guía de esta experiencia, decía: “La escuela que construyeron con sus propias manos, debe ser diferente para educar a los niños de diversas maneras -algo que reclamaban especialmente las mujeres-. La ecuación es simple: si los niños tienen verdaderos derechos, entonces deben tener las oportunidades para desarrollar sus inteligencias y poder estar listos para el éxito”. Con esto pusieron las bases para la definición acerca de lo que se deseaba para el niño y que continúa presente en cada escuela de Reggio Emilia: una persona con capacidades, potenciales y derechos.

En 1961, Bruno Ciari, colaborador de Loris Malaguzzi, expresó así la misión: “La educación debe liberar la energía y las capacidades de la infancia, así como promover el desarrollo armónico de los niños en todas las áreas: la comunicativa, social, afectiva, y un pensamiento crítico y científico”.

Implicaciones de la imagen del niño.

Cada uno de nosotros y cada sociedad crean su propia imagen del niño, lo que determina valores, el papel que la sociedad espera del niño y la definición de sus derechos. Esta imagen está ligada a las políticas y prácticas en la educación temprana. Por lo tanto, debemos hacernos algunas preguntas básicas que nos obliguen a reflexionar en la idea fundamental sobre la que nuestro sistema de enseñanza y la sociedad están basados: ¿Quién es el niño? ¿Qué es la infancia? ¿Qué es una “buena” infancia? ¿Cómo aprenden los niños? ¿Cuál es la misión de la institución educativa?

Hay muchas y posibles imágenes del niño, pero hay tres predominantes:

  • El niño como reproductor de conocimiento, identidad y cultura.
  • El niño como un ser inocente.
  • El niño como un proceso de la naturaleza.

El niño como co-constructor de conocimiento, identidad y cultura.

El niño es un ser extraordinario, complejo e individual que existe a través de sus relaciones con los otros y siempre dentro de un contexto particular. Surge como co-constructor, desde el comienzo de su vida, de conocimiento, cultura y de su propia identidad; es entendido y reconocido como un miembro activo de la sociedad. En palabras de Loris Malaguzzi, se trata de hacerlo “rico en potencial, fuerte, poderoso y competente”.

Carlina Rinaldi, pedagoga de Reggio Emilia, comenta: “Uno de los puntos fundamentales de la filosofía de Reggio es la imagen de un niño que experimenta el mundo, que se siente parte de él desde el momento de nacer, lleno de curiosidad y de ganas de vivir… Un niño que está lleno del deseo y la habilidad de comunicarse desde el inicio de su vida, completamente capaz de crear mapas para la orientación personal, social, cognitiva, afectiva y simbólica. Por todo esto, el niño reacciona en un sistema competente de habilidades, aprendiendo las estrategias y las maneras de organizar las relaciones”. No hay, por lo tanto, una niñez natural o universal, ni un niño natural o universal verdaderamente, pero sí existen muchas infancias. Por lo tanto, una buena infancia sería aquella en la que el niño es reconocido y promovido.

Aquí, el niño nace con las capacidades para aprender, no necesita preguntar ni tener el permiso adulto para comenzar a aprender. El aprendizaje es una actividad cooperativa y comunicativa, en la cual los niños son agentes activos que construyen el conocimiento, el compromiso y crean significados del mundo, en conjunto con los adultos y, de igual importancia, con otros niños. Una misión de la institución educativa quizás sea la de proporcionar un foro donde niños y adultos se reúnan para construir juntos conocimiento y cultura.

Esta imagen promueve el entendimiento de que el niño tiene una voz propia y es un actor social, que toma parte en la construcción y en la determinación de su vida, pero también en la vida de aquellos que se encuentran a su alrededor y en la sociedad en la que vive.

La pedagogía de la escucha desde Reggio Emilia.

La escucha es una idea fundamental de estos centros de infantes. Es la base del enfoque e involucra un diálogo democrático con las familias, la ciudad y la cultura.

Para Rinaldi, “deberíamos escuchar a los niños, para que puedan expresar sus temores, pero también para que ellos nos den el valor de encarar los nuestros, por y con ellos; para que su sabiduría nos dé confort, para que sus “por qué” orienten nuestra búsqueda por las razones y nos den la fuerza para encontrar respuestas no violentas, honestas y responsables; el coraje para el futuro y nos ayuden a encontrar una nueva manera de dialogar con ellos y con nosotros mismos”.

La capacidad de escuchar y la recíproca expectación es una cualidad importante que permite la comunicación, el diálogo y requiere ser sostenida y entendida. De hecho, esta capacidad abunda en los niños pequeños, que son los mejores oyentes del mundo que les rodea. Escuchan a la vida en todas sus formas y colores. Escuchan a otros, adultos y compañeros.

La socialización no se enseña a los niños: ellos son seres sociables. Aquí es donde la escuela juega un papel importante; debería ser, antes que todo, “un contexto de escucha múltiple”, que involucre a maestros y niños, individualmente y como grupo; escuchar el uno al otro y a sí mismos. Este concepto de un contexto de escucha múltiple derriba la relación tradicional de aprendizaje-enseñanza. El enfoque cambia el aprendizaje: el autoaprendizaje de los niños y el logrado por un grupo de niños y adultos juntos.

La escucha y la documentación.

La tarea de los educadores no sólo es permitir que las diferencias puedan ser expresadas, sino hacer posible que ellos puedan negociar y nutrirse a través del intercambio y la comparación de ideas. De esta manera, no sólo el niño como individuo aprende cómo aprender, sino que el grupo se vuelve consciente de ser “un lugar de enseñanzas”, donde los lenguajes son enriquecidos, multiplicados, refinados y generados pero también donde chocan el uno con el otro y se renuevan.

El maestro que sabe cómo observar, documentar e interpretar estos procesos, se hace consciente de sus potenciales como aprendiz: aprende cómo enseñar. En este caso, la documentación puede ser vista como una escucha visible: asegura el escuchar y ser escuchado por los demás. Esto significa producir huellas -como notas, fotos y videos- para hacer visible los medios a través de los cuales los individuos y el grupo están aprendiendo. Esto asegura que el grupo y cada niño puedan observarse desde un punto de vista externo mientras aprenden (durante y después del proceso).

La documentación incluye las transcripciones de comentarios de los niños y sus debates, las fotos de sus actividades y las representaciones de su pensamiento y aprendizaje al usar diferentes medios. La documentación tiene varias funciones, entre éstas: hacer conscientes a los padres de familia de las experiencias de sus niños; permitir a los maestros entender a los niños mejor y evaluar su propio trabajo, así como promover su crecimiento profesional; facilitar la comunicación y cambio de ideas entre educadores; hacer conscientes a los niños de que su esfuerzo es apreciado y para crear un archivo que traza la historia de la escuela y el placer de aprender por muchos niños y sus maestros.

El ambiente como el tercer maestro.

“El ambiente es el tercer maestro”, es una expresión usada por los maestros de las escuelas de Reggio, el entorno o el ambiente, apoya el trabajo y los intereses de los niños sin necesidad de una guía, ni la intervención constante de los adultos. Los niños trabajan en espacios y cuando los adultos están presentes, los niños construyen sus historias allí. El ambiente está provisto de suficientes provocaciones para llenar el mundo y las mentes de los niños.

El ambiente hace referencia a la organización del espacio, disposición y distribución de los recursos didácticos, el manejo del tiempo y las interacciones que se permiten y se dan en el aula.

Es decir, el ambiente influye de forma significativa en aquellos que lo ocupan. El ambiente de aprendizaje dispuesto por el profesor interviene de manera activa y sutil en las vidas de estudiantes e incluso de los profesores a lo largo del día escolar. La organización de los espacios permite que el niño investigue y descubra casi sin intervención de los adultos.

El taller y el Atelierista.

En cada escuela de Reggio, existe un atelier o taller de arte, que es un lugar organizado en el que el niño puede explorar, investigar, conocer y escoger los elementos por su forma, color, movimiento, etc. Estos elementos le permitirán poner en práctica su creatividad y expresar de manera clara y artística, en sus proyectos.

Las escuelas de Reggio se caracterizan por tener un taller en el cual los niños pueden desarrollar sus lenguajes, sus pensamientos y su creatividad, con actividades gráficas, pintura, escultura, dramatización, etc. Cada taller tiene sus características propias y originales, dependen de la cultura y de los niños y debe adecuarse a ellos. Entre los materiales no solo se encuentran elementos de dibujo, pintura, modelado, debe también haber artículos diversos como troncos, hojas, conchas, piedras, mullos, semillas, botones, fichas, y prendas de vestir para disfrazarse, sombreros y accesorios, marionetas, etc. Todos estos materiales deben estar estéticamente distribuidos en el atelier con la finalidad que inviten a los niños a usarlos.

El “atelierista” o maestro de arte es un artista o profesional con formación específica en artes visuales que participa en el aula colaborando con el trabajo de los niños y con los otros maestros, en la elaboración de la programación y ayudando también en el proceso de documentación. El rol del “atelierista” es específico en las escuelas de Reggio Emilia.

Según Malaguzzi, el taller parte de un diseño complejo, lugar añadido en el que deben profundizar y ejercitarse la mano y la mente, afinar la vista, la aplicación gráfica y pictórica, sensibilizar el buen gusto y el sentido estético, realizar proyectos complementarios de las actividades disciplinarias de la clase, buscar motivaciones y teorías de los niños bajo la simulación, ofrecer una variada gama de instrumentos, técnicas y materiales de trabajo.

(*) El presente artículo recoge las miradas de Sausan Burshan, directora general de Ágora, Comunidad Educativa, Mérida, Yucatán, México, y de Carlina Rinaldi, asesora pedagógica de Reggio Children y directora pedagógica de las escuelas municipales de Reggio Emilia, en Italia. La doctora Burshan también es miembro de la Mesa Directiva de NAREA, Alianza Norteamericana de Reggio Emilia; fundadora y miembro de la Mesa Directiva de Red Solare, Asociación Latinoamericana inspirada en la propuesta Educativa de Reggio Emilia.